Esclavo está el anciano de una silla,
la muerte ruega al cielo prontamente;
vivir así es castigo y pesadilla,
inválido ha quedado eternamente.

Sus manos acarician sólo arcilla
e imagina aquel cuerpo complaciente
de su ninfa que amaba de chiquilla
y ella ahora lo mira indiferente.

Qué pesar da vivir sin movimiento
atado a una silla, cruel calvario:
hasta cuándo Señor ese tormento.

Antaño fue un enérgico corsario,
sin temor enfrentaba al fuerte viento:
hoy dormita abrazado de un rosario.