Música que estimulas mis sentidos.
Acompasadas vibran mis venas
como cuerdas de instrumento.
Cual maná sagrado nutres mi alma.
Eres bálsamo que difumina penas:
me encumbras a otras dimensiones.
 
Tu magia quebranta mis entrañas,
torbellino de inquietudes y secretos.
Envuelta entre tules misteriosos
y espejuelos con luces de colores,
liberas desde lo recóndito de mi ser
mi más pura y elocuente inspiración.
 
Escoltada por claves musicales,
subyugada a voluntad me enredo
entre líneas de tu pentagrama,
como hiedra cubierta de rocío matinal
que entre ramas presurosa trepa.
 
Arrullada entre arpegios y acordes
de una escala con tonos y semitonos,
tus silencios e intervalos prolongados
dejan huellas imborrables en mi vida.
 
Me abrazo fuertemente a una fusa
que danza al compás de un 'minuet'
con la blanca, negra, corchea y semifusa
y en ronda, la semicorchea y la redonda
cortejan con el sostenido y el bemol,
en velada de inconclusas melodías.
 
Plasmada en partitura eres inmortal
al surcar los años con eterna juventud
y en teoría, da la exacta dosis de armonía
que requiere un mundo cuya orquesta,
tiene al frente a burdos títeres de barro
que portan un fusil y no una batuta.