Aprieto un taladro entre las manos
perforo en la pared un hueco enorme.
No sé si encuentre luz del otro lado
pero esta vez pretendo pronto huir.
Escapar de los cuervos al acecho
que aguardan silenciosos la caída
del gran rey: desnudo y sin poder.
Con crueldad azotan inclementes
hieren con sus lenguas viperinas
crucifican en su cruz imaginaria.
Grandes jueces con vigas en los ojos
no podrán abofetear mis dos mejillas
jamás me inmolaré por aves de rapiña
como alguna vez lo hizo el buen Jesús.
Aguarden con paciencia mi partida
para tragar mis monedas una a una
que oxidadas no tendrán ningún valor.