

Rumbo hacia
la cumbre de su vida
el hombre en denodado sacrificio
transita por senderos escabrosos.
Lágrimas sin llanto gota a gota
transpira cada poro de su cuerpo.
Trayecto
que lo deja sin aliento
con la boca reseca sin saliva;
agrieta la tersura de su piel
que arruga con los años;
ojos que otean en tinieblas
dientes que caen al vacío;
hebras canas junto al viento
raudas vuelan en su huída;
muros grises de lamento
tropieza entre las piedras;
sangran y supuran las heridas
que cicatrizan con el tiempo.
Ruleta
indolente de estaciones
gira implacable en su rutina,
seduce a un cuerpo ladronzuelo
que atrevido birla horas al reloj,
aferrándose al juego de la vida
como empedernido jugador
y obstinado insiste en ascender,
arrastrando lerdo entre peldaños:
sueños, ilusiones y sus huesos,
con deforme giba a cuestas.